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Entre curva y curva (reflexiones de un viajante)

El mundo desde abajo

¡Qué aventura!

Este domingo mis papis me han llevado al campo  a hacer “tenderismo”

Hemos pasado por una granja y hemos visto unos bebes de cabra muy graciosos y unos pájaros en el cielo muy grandes.

También he visto unas cuantas vacas enormes que me daban un  poco de yuyu pero mi padre me ha cogido en brazos. A mi prima le he dicho que no me daban nada de miedo pero era una mentira.

He tenido que andar mucho pero como llevaba mi bastón de la suerte no me he caído (bueno un par de veces si)

Yo era el encargado de buscar los palos que tenían las flechas que nos decían cual era el caminito correcto.

Por la tarde cuando se ha acabado el paseo hemos comido en una “casa china” y cuando ha empezado el frio nos hemos ido a casa.

Me he cansado mucho pero me lo he pasado muy bien. Me pregunto si el sábado que viene podremos ir a otro sitio……… ¡ya se! ¡A un castillo!

 

Nostalgia

La otra noche me encontré el lavabo todo lleno de dentífrico de mi hijo (no es la primera vez). Lo llamé y me enfadé con él (de esos enfados de mentirijilla que tenemos los padres para que los hijos nos tomen más en serio) Luego le leí su cuento diario y lo dejé dispuesto a dormirse.

Por casualidad me puse a revisar viejas fotos y cuando vi lo pequeñito que era y lo que había cambiado, me entró nostalgia y me entraron ganas de entrar en su cuarto y decirle: ¡mancha hijo, mancha! ¡Y un solo cuento no, te voy a leer todos los que quieras! Que ya tendrás tiempo de hacer cosas de mayores. ¡Por favor no crezcas tan ligero!

 

Cosas de padre.

El duende de los juguetes

Hace tiempo, para convencer a mi hijo de que recogiera su cuarto me inventé un cuento que le narré al estilo cuentacuentos gesticulando mucho y de forma más sencilla que esta que escribo. Viendo el éxito que tuve, me decidí a escribirlo para no olvidarlo. Es este:

 

 “El duende de los juguetes vive en una montaña del horizonte a la que ningún niño y muy pocos padres pueden ir. Más o menos donde acaba el arco iris que es la tierra en la que nacen los sueños y  donde las pesadillas quedan atrapadas para que ningún niño se asuste. Es sin duda una tierra mágica y llena de cosas y personajes especiales. Allí tiene su casita, en un gran árbol cargado de muchas hojas, muchos mas años,  y algún que otro nido con pájaros que cantan lindas canciones.

 

 Es pequeño, como un niño de tres o cuatro años. Tiene una cara simpática con una sonrisa muy blanca que nos demuestra que es amable y bueno,  dos orejitas picudas que dan mucha risa, y unos bonitos ojos azules. Parece joven, pero mirándole bien a los ojos, nos damos cuenta de que en ellos se reflejan el paso de muchos años y que desprende un cierto aire de sabiduría.

 

Lleva un gorro verde, largo y de pico con una cinta roja y una hebilla de plata. Una chaquetilla verde sin cerrar y una camisa naranja le quitan el frío del pecho, mientras que unos pantalones un poco cortos como los de los piratas, dejan ver unas medias naranjas también como la camisa. Para sujetarse estos pantalones tan chulos tiene un cinturón de cuero y una pequeña bolsa roja atada a él donde guarda con su magia los juguetes. Pero lo más especial de su traje es que toda la parte verde de su ropa  parece que ha crecido en algún árbol  pues está hecho de hojas frescas que nunca se marchitan y que con lo colorido del resto le hacen parecer un pequeño árbol de navidad.  Aunque  lo mas curioso son sus zapatos, hechos de hojas también como el resto de su ropa y con dos cascabelitos en la punta. Estos zapatos, a veces le han traído problemas, pues cuando entra en el cuarto de algún niño, por muy despacito que lo haga, siempre van haciendo tin tin, tin tin y le pueden oír. Pero a él le gustan y prefiere llevarlos aunque más de una vez ha tenido que salir corriendo para que no lo vean.

 

Al amanecer, cuando llega a su montaña y a su bosque, se acerca a su árbol, mira a un lado, mira al otro, y cuando se asegura de que nadie le ve, tira de una rama y se abre una puerta secreta. Entra en un largo pasillo y al fondo ¡tachan! Una habitación grandísima con muchos juguetes, y un taller con muchas herramientas para arreglar los juguetes de los niños buenos. Su trabajo consiste en vigilar a los niños y lo que hacen con sus juguetes. Si algún niño no los recoge o los maltrata, él se los lleva y se los da a otro niño que los cuide. Si algún juguete se rompe, y si el niño ha sido bueno, se lo lleva e intenta arreglarlo ¿Qué quien son los niños buenos? Pues aquellos que le hacen caso a su papa, a su mama y a su “seño”. ¿Tú eres bueno? ¿Solo un poco? Pues hay que ser muy bueno para que el duende no se lleve tus juguetes y para que te arregle los averiados.”

Yo mismo

Yo mismo

Éste se supone que soy yo según mi hijo. Primero me puso los pelos peinaditos, y luego se lo pensó mejor y me "puso gomina". Es la explicación que me dio.

Otra de niños

Hablando con mi hijo me salió con una de las suyas contándome sus planes de futuro. Me contó que él cuando fuera mayor quería ser cuatro cosas: inventor, “el que hace experimentos”, limpiador y PADRE.

Interesado por éste último “oficio” le pregunté que con quien se iba a casar y lo tenía muy claro. Tanto la persona, como la cantidad de hijos, sexo de éstos y hasta los nombres (algunos tan curiosos como lluvia o arcoíris ¿será hippy? Je, je). Lo cierto es que yo ya los había oído discutir sobre los nombres a ellos dos pero no sabía que se referían a sus futuros hijos y creí que era algún juego. Tenía muy claro que tenía que trabajar para comprar los ladrillos, las puertas, las ventanas, la piscina, el jardín (tira alto mi niño) y me reí bastante con la idea.

Pasado unos días indagué otra vez en el tema y me sorprendió diciéndome que se iban a venir a vivir a mi casa (¿será efecto de la crisis que ya no quiere un chalet con piscina?) Sorprendido le dije que no, que esa casa era de sus padres y que él se tenía que buscar otra. Él como siempre muy serio me mira, y me dice:

-       ¡Papa, lo que pasa es que como cuando yo sea mayor, tú ya estarás muerto y la casa será mía!

¡JOPUTA EL NIÑO! ¿Pues no me quiere matar ya? Ja, ja.

Se lo conté a la madre y me dijo que lo suyo era peor porque a mí me quería matar, pero que a ella por lo que se ve, o la pensaba matar antes, o echarla a la calle.

Lo que tiene es que yo con cuatro años y medio iba a estar pensando en mi casa y mi familia. ¡Por los mismísimos…!

Un saludo padres del mundo.

Villancico

Hoy mi niño nos ha sorprendido con su primera rima. Estábamos cantando el villancico de “María, María, ven acá corriendo que……..” 

Cuando me di cuenta mi niño estaba cantando:

“Maria,  Maria,

ven acá corriendo,

que San José te espera,

para darte un beso.”

¿Qué, que no?  Chula ¿a que si? Me asegura que se la ha inventado él y yo lo creo. Igual saca la vena artística de su tío.Je, je

La luna coqueta

El otro día observé una curiosa conjunción en el cielo. Muy cerquita de la luna en creciente se encontraban Júpiter y Marte. Esta estampa me hizo pensar en una poesía infantil para contarle a mi peque que reproduzco a continuación:

 

La luna del cielo              

se ha vuelto coqueta.

Y adorna su pelo

con lindos planetas.

 

Se pone en el cuello

un blanco cometa.

Se pinta  la cara

¡Con polvo  de  estrellas!

 

Entonces papi......

En una de esas charlas que mantenemos mi hijo y yo, salió el tema de la muerte. ¡Si, ya se que no es tema habitual en un niño, pero mi hijo es así!

De mis respuestas le quedó claro que era Dios el que llamaba a las personas que debían subir al cielo.

- Entonces papi, Dios dice:  “Hoy estoy aburrido y voy a llamar a alguien para que suba a hacerme compañía” ¿no?

Después de reírme, le expliqué que no, que normalmente sólo llamaba a las personas viejecitas, o a las que estaban muy malitas (para que iba ha entrar en mas honduras)

- Entonces papi, ¿Dios sabe todo lo de todas las personas?

- Si hijo, si. Dios lo sabe todo.

Tras unos segundos de reflexión me contestó.

 

- Entonces papi, ¡que pedazo de ordenador tiene que tener Dios!

Se podréis imaginar mi sorpresa y la cara que se me quedó ante tal razonamiento.

Una lección de moral

El otro día fuimos en familia a "disputar" una carrera popular en Jerez. La llamada carrera de la fruta pues al concluir además de la camiseta conmemorativa que suele ser lo habitual, regala una bolsa con fruta (que cae divino después de los casi 10 kms.)

Mi niño estaba jugando con un maletín de médicos que le habíamos regalado y en un momento dado sacó la jeringuilla y se me ocurrió decirle:

- ¡Venga hijo, ponme una inyección de supervitaminas para ganar la carrera!

Él me mira a los ojos muy serio y me contesta:

- No papi. Eso sería hacer trampas y eso no vale.

Yo tronchado de la risa por dentro, no me quedó otra que muy seriamente decirle que llevaba la razón.

Toda una lección de moral de un pequeñín de cuatro años y medio.